Entrevista a Bartolomé Leal: un autor de delitos internacionales.

En estos fríos días otoñales nuestro amigo Eduardo Contreras entrevistó a Bartolomé Leal, nacido como José Leal, nombre con el que se le conocía en CEPAL, cuando era investigador de ese organismo de Naciones Unidas. Uno de los primeros ingenieros mutantes chilenos que devino en escritor. En el caso de Bartolomé, su llegada al noir criollo, al que ha aportado con más de diez novelas y varios libros de cuentos, tuvo mucho que ver con su calidad de ávido lector del género, pero los temas, personajes y paisajes de sus textos, en parte vienen de su experiencia profesional trashumante, que por años lo tuvo dando vueltas por los cinco continentes.

¿Cómo es esto de llegar al mundo como José Leal, transformarte luego en Mauro Yberra (escribiendo a cuatro manos, al mejor estilo de Ellery Queen) y finalmente consolidar tu carrera literaria como Bartolomé Leal?

Yo soy yo y mis heterónimos, siguiendo al escritor portugués Fernando Pessoa. No son seudónimos (nombres falsos) sino otros nombres. Nací, existo por el momento y moriré como José Leal, chileno. Con ese nombre publiqué algunas crónicas y unos pocos relatos. Gané un par de concursos de cuentos. Mauro Yberra fue un alias a dúo con Eugenio Díaz, compañero de curso en el colegio y la universidad. Ya no escribimos juntos. Bartolomé Leal fue un apodo que escogí por el largo de ese patronímico (en el colegio decían que el largo del nombre revelaba el largo del pene) y, más en serio, en homenaje a san Bartolomé, un discípulo del Cristo a quien torturaron sacándole el pellejo y, por cierto, a Bartolomé de las Casas, el obispo de Chiapas, tozudo defensor de los indios durante la conquista hispana.

¿Cómo partió esto de los seudónimos?

Como terminó mejor dicho. Tengo un solo seudónimo en estricto rigor, Wilberio Mardones, que utilizo para meter cuchara en los blogs, desparramar mierda con ventilador y escribir uno que otro cuento banal en la red. A veces es el sobrenombre que más uso porque así me muevo en el mundo virtual, a falta de expresión factible en papel.

El usarlos, ¿Crees que te ha servido en tu carrera literaria?

En nada. Ramón me lo advirtió al decirme algo así: con lo que cuesta imponer un nombre en el medio literario, para qué arriesgarse sacando dos. Creo que tampoco me han perjudicado, no lo he medido.

Yo he vivido la experiencia de escribir a cuatro manos, no es muy común, yo diría que es un gran desafío, ¿Cómo lo hacían? ¿Qué le puedes comentar al respecto a los escritores que hacen sus primeras armas?

Es raro porque significa transar con el socio o la socia. La literatura es algo sumamente personal. Díaz y yo partimos por unos personajes reales, amigos comunes desde la adolescencia, que se transformaron en personajes literarios con muy pocos cambios, a decir verdad: los hermanos Menie, locuaces, snobs y aficionados a los misterios. También nos ayudó tener algunos referentes geográficos compartidos como Ñuñoa, el balneario de Papudo, el centro de Santiago y pare de contar. Inventamos algunas tramas con crímenes, política, clases sociales, mujeres nerviosas y tomateras. Metimos nuestras aficiones en materia de lecturas. Así salieron cuatro novelas y un libro de cuentos, entre policiales y negros. Vale la pena señalar que ambos éramos bastante aficionados al género. Me refiero al género femenino.

Siendo ingeniero civil industrial y luego investigador de CEPAL ¿Cómo llegaste a la literatura?

Avanzando a trompicones, a pesar de arrastrar esos pesados baúles.

Tus novelas y cuentos se desarrollan a veces fuera de Chile, tu vida laboral vinculada a Naciones Unidas fue también bastante cosmopolita, ¿Cómo influyó esa trayectoria laboral en tu literatura?

Es cierto, los viajes han sido mi fuente no digamos de inspiración sino de temas, personajes y paisajes. Agradezco a quienes me dieron pega. Por eso tengo narraciones largas y cortas ambientadas en Lima y Cusco, La Paz, Panamá, el Kosovo, París, México, Nueva York, Bangkok, Bali, Aberdeen, la Provenza, Grecia, Roma, Puerto Octay, Belem (Pará), Quito y las islas Galápagos, Medellín… En realidad me estoy volando porque aún que me falta escribir varias.

Ahora una pregunta de la que conozco la respuesta, pero la hago para que la socialicemos con lectores y escritores: tu debut literario como Mauro Yberra llevó a una saga policial, la de los hermanos Menie. ¿Por qué esos personajes?

Saga breve. Cuatro novelas y algunos cuentos entre 1993 y 2015. Esos huevones eran sumamente divertidos e ingeniosos, harto más que nosotros sus panegiristas. Los originales viven en París, enclenques y quejumbrosos. Una vez escribí un cuento, publicado en una revista cervecera brasileña, acerca de un ajuste cuentas con ellos dos en una surtida cervecería del Marais. Estaban enojados porque los habíamos tergiversado. Tras una ingesta etílica que duró doce horas, me guardé una lata que inició una colección que más o menos conservo hasta hoy. En mi cuento yo decía que no había ningún escritor que pudiera jactarse de haber sido iniciado en el coleccionismo latero por sus personajes.

¿Cómo llegaste al género negro?

Lectura de novelas policiales antes que nada. Parecido a muchos otros. Primero fue Agatha Christie, que reemplazó a los libros infantiles y los comics tipo Dick Tracy y Fantomas, en cuanto pude leer con fluidez. Siguieron Sherlock Holmes y, gracias a un tío que me regaló un paquete de libros viejos, S.S. Van Dine. Después fueron Simenon, Ellery Queen y el gran Rex Stout. Lo demás es historia conocida, se repite la experiencia de tantos aficionados que siguen adelante y luego se les acaba la vida antes de terminar de leer a tantos autores maravillosos.

¿Cuáles son tus autores preferidos dentro del género negro?

Voy pasando por fases. Guardo especial aprecio por los escritores que practican el llamado “policial etnológico”, donde caben los temas de los pueblos ancestrales, sometidos, despojados y metamorfoseados por las distintas formas de opresión sufridas a lo largo de la historia. Un subgénero que practico. Mis maestros son el australiano Arthur Upfield y el norteamericano Tony Hillerman. En mi blog “Bartolomé Leal Al Habla” he puesto reseñas de libros y autores “negros” que me han ido marcando, por ejemplo Giorgio Scerbanenco, Petros Márkaris, Andrea Camilleri, Vázquez Montalbán (por cierto), Carl Hiaasen, Sjöwall y Wahlöö (los suecos primigenios), Patricia Highsmith, y muchos otros y otras…

¿Y cuáles fuera del género negro?

Pues toda la historia de la literatura.

¿Cómo ves el género negro en el Chile de hoy?

Poco difundido. Reducido a un nombre, grandioso por supuesto. Los demás luchamos bajo la consigna de que lo que importa es escribir… y publicar cuando se puede, por cuenta propia o al amparo de generosas y/o audaces editoriales pequeñas.

¿Qué opinas de la tendencia hacia los ebooks y la literatura digital? ¿Probarías por ese camino?

Me parece bien. Es un camino a menudo complementario. Yo tengo dos libros del género negro que circulan como ebooks.

¿Qué proyectos literarios tienes entre manos en estos momentos?

No tengo proyectos sino manuscritos. Varias novelas terminadas. Me temo que me enterrarán o incinerarán con ellas. Pintan para nonatas…